martes, mayo 02, 2006

La magia de mi tierra

Dos intensos dias por tierras alicantinas me han devuelto la alegría que estaba necesitando durante las ultimas semanas. Ha habido un poco de todo, las cosas no suceden por casualidad, y cada vez cobran un sentido más definido.

Sábado, no pudimos salir antes de comer, pero decidimos hacerlo en ruta (bueno es un decir... llevabamos 4 km recorridos, jajajaa). Fácilmente llegamos a nuestro destino, y con algunas dificultades más logramos encontrar aparcamiento que no estuviese demasiado lejos del hotel. Tampoco supone un problema, me encanta pasear por mi tierra :D.

Pasamos por una tienda de cómics a que mi hermana recogiera los fanzines que no se habian vendido, y a dejar algunas de sus agendas góticas. Luego fuimos al hotel y de ahi bajamos al puerto a tomar algo y, previsiblemente, a encontrarnos con más de una cara conocida. Así fue, una primera llevó a una segunda, y así a otras hasta completar aproximadamente una docena de foreros festeros, a muchos de ellos no les veia desde hacía meses, y fue toda una alegria saludarles a medida que iban llegando por allí. Conversamos durante un buen rato entre risas y bromas, mientras el acto de presentación de bocetos discurría en una tarde-noche de lo más amena.

De cena por el centro, y de repente algo en mi se rebeló. No quería volver al hotel tan pronto, el cuerpo me pedía algo que no podía darle, por no estar en la compañía adecuada para ello, y por no tener a nadie con quien ir a tomar algo por el barrio. Me pregunto por qué, la última vez que pisé mi tierra me sentía en territorio hostil si se me ocurría adentrarme en el mundo nocturno del ocio sabatino, y de repente esta vez, me seducía conquistar dicho territorio. Tal vez por saber que es el lugar por donde discurren mis contactos sureños en sus ratos de libertad juvenil, y de alguna forma quisiera verme integrado en semejante instantánea. Mucho ha tenido que ver mi reciente integración nocturna con los compañeros del trabajo, pero no lo había visto tan claro hasta llegar allí y comprobar que donde antes había rechazo, ahora hay una sugerente invitación a adentrarse en ese universo al que cada día soy más afin. Parece que es cierto... nunca es tarde.

Finalmente cambié el plan por otro que seguro iba a funcionar, y decidimos tomar un helado en una de las terrazas del puerto, seguido de un paseo en el que hubo fotos graciosas y en el que comprobamos que el chiquitín dormía tranquilamente junto a la escuela de idiomas. Con todo, fue uno de los momentos privilegiados de mi fin de semana.

El domingo decidimos ver el universo desde las alturas, y nos dirigimos al Tossal, lugar de sueños nunca suficientemente cumplidos, y cita ineludible en la cual reponer el oxigeno de nuestros pulmones, con el solaz de la brisa que discurre sobre el horizonte del litoral.

Teniamos una cita para comer con un amigo, que no pasa por su mejor momento. Nos contó sus penas amorosas, y mientras le escuchaba, pensaba lo fácil que resulta ver los toros desde la barrera. Cada una de sus palabras me removía algo en mi interior, me recordó lo que soy y lo que puedo ser, pero de esto mejor hablaré en otro tema, pues dió para mucho.

Tras la comida, media horita de viaje con destino Onil, tierra en fiestas, y un gran amigo, JL, nos esperaba allí en el mismo instante en que la entrada comenzaba a hacer llegar a sus primeras filáes. El largo desfile discurría ante nuestros ojos, una vez más como siempre, con muchísimo nivel, tanto musical como en indumentaria. Y una vez acabó, entre el regocijo de todos los lugareños, un último paseo y, al fin, conocimos la casa de JL tras casi cuatro años desde que se la compró.

Y en un último episodio antes de partir de nuevo a casa... paré un momento en uno de los límites del pueblo, el silencio se cortaba con un cuchillo... la oscuridad nos engullía nada más dejar la vía de circulación... todo el tiempo que hubiese podido pasar allí no hubiera sido suficiente, pero al menos me hizo recordar que existe el silencio, existe la oscuridad de la noche -hacía meses que no los disfrutaba, desde Sant Vicenç- y que es algo sin precio que necesito vivir más a menudo. Su recuerdo ahí quedará.

Poco partido más se le podía sacar a estos dos días, lo mejor es el poso que dejan en mi espiritu. Trataré de que, al contrario que otras veces, no caiga en saco roto esta vez, y que lo que me ha aportado lo sea de verdad.

Esto me hacía mucho falta.