jueves, enero 11, 2007

Vivo en realidad...?

Echar a andar. Esa fue la consigna, sin importar mucho hacia donde me dirigiese. Lo importante era no seguir sumido en el profundo sueño en el que me encontraba. Y así hice, hace ya algún tiempo...

Desde entonces mi evolución ha sido notable, si... Pero hay veces, muchas veces, en que de verdad me pregunto si estoy haciendo lo que debo, si avanzo tanto como creo avanzar, o si por el contrario apenas desperté levemente de mi sueño... Quizás sigo dormido, quizás la vida esperará hasta el final a que vaya a por ella... tal vez no llegue a suceder nunca, o tal vez si.

Aprendí ya que nadie acudirá a sacarme del letargo, nadie puede sustituirme en la jungla de mi dia a dia, ni siquiera quien parece que estará ahi por siempre. El camino es el que se labra uno mismo, y yo por vivir el presente olvidé mirar el mañana más próximo, y olvidé que nada es eterno. Pero cómo avanzar cuando tiempo atrás quedaron obstáculos sin superar...? Cómo? El mundo sigue su curso, pero yo no... quedé obstruido en el tiempo y así no puedo alcanzar ninguna meta, invierto demasiadas energías en algo tan infructuoso... aplazando otras misiones para un mañana que tal vez no me espere.

A mi alrededor pasan a diario mil sueños por vivir, mil oportunidades que aprovechar... Pero siempre elijo el camino más fácil, el más acomodado, que es el menos sufrido, si... pero también el más vacio.

¿Hasta cuando?
¿Qué ha de sucederme para despertar definitivamente?

A veces, caminando a solas, despierto de mi letargo autoimpuesto y rememoro el sabor de la fruta prohibida en los ojos ajenos. Es un billete de sólo ida con destino a los infiernos de mi espiritu, ya no tan juvenil como fue. Y la herida se encarga de recordarme qué yo escogí el camino fácil... y me recuerda también que en ese camino me acompañará por siempre, aunque la ignore, siempre estará ahí.

Y regreso poco a poco a ser yo mismo, lentamente la amargura va desapareciendo de mi rostro hasta la próxima ocasión, mientras -cual sonámbulo- caigo de nuevo en el sueño de mi vida, el sueño que quizás se quede sólo en eso, en un sueño...

Algo tan insobornable y tan efimero como es el tiempo, es quien dictará mi destino.