Temblores
De niño me gustaba mucho ir a los recreativos. Recuerdo que había una máquina de ambientación oriental, en la que el personaje tenía que ir matando a los malos disparando una especie de dardo que lanzaba con sus manos, e ir avanzando fases y fases, y al final de cada una había un malo más grande y dificil de acabar con él -planteamiento nada original, por cierto-.
Además de esos dardos tenía otra forma de acabar con sus enemigos, aunque no se podía utilizar tantas veces como se quisiera, sino tan sólo un par de veces por cada fase. Al apretar el botón de ese arma, nuestro héroe se desdoblaba en decenas de copias de si mismo, y cada una de ellas iba lanzada en una dirección distinta de la del resto, rebotando en los extremos de la pantalla, de forma que durante unos pocos segundos sólo se veia un maremágnum moviendose en todas direcciones.
Sé que es rebuscado, pero no encontraba una forma más fiel de expresar lo que siento a veces en mi interior. Todo un maremágnum de sentimientos tratando de traspasar la piel, mi piel, y rebotando hacia dentro de nuevo, como los púgiles en el cuadrilátero, para volverlo a intentar una vez, más, fracaso tras fracaso.
Y si alguna vez consiguieran traspasar la piel... hasta donde llegarían?

<< Home