lunes, abril 25, 2005

Dolor

Dicen que la casualidad no entiende de horas o fechas, y va a ser que es verdad.

Ayer escribí sobre mis dificultades para aceptar aquello que sucede en todas las familias, en las buenas y en las malas. Y da la sensación de haber sido el prólogo a mi mala tarde. Con la esperanza de haber aprendido algo para el futuro, decidí que hoy tenía que afrontar la situación.

No he podido evitar escuchar un comentario de M. sobre su fin de semana, y yo sabía que eso me iba a hacer daño, hasta ella misma me ha notado el mal rollo que llevaba en el cuerpo, invitandome a que me animara un poco. Ella no podría sospechar que ha sido la causante, menos mal que al irse me lanzó un beso al aire que mitigó el mal que ella misma, sin saberlo, había provocado. Sin duda, es consciente de que su llave abre muchas puertas.

Pero ya dejando la jornada a un lado, lo que de verdad me preocupa es lo que me cuesta aceptar costumbres o actitudes ajenas, me preocupa porque no consigo asimilarlo como algo normal, como algo cotidiano. Y tampoco sé si la forma en que trato de afrontarlas me llevará a alguna parte, o si por el contrario voy a sufrir para no conseguir nada... Me preocupa porque ya ha provocado más de un malentendido con seres queridos, ajenos ellos a mi incapacidad. Benditos ignorantes, cómo podría culparles de nada!

Puedo hacer como que no pasa nada, pero sé que algo se me nota. De normal llevo la sonrisa dibujada en el rostro, y no es ficticia, es real; pero en ocasiones se difumina como las siluetas reflejadas en el mar, pues ella misma es reflejo a su vez del alma, y el alma sufre en soledad.

Necesito un director que me ofrezca otro papel en la vida, el de víctima ya me cansa.