sábado, octubre 23, 2004

La sonrisa de tu boca

Cada noche echo de menos esa sensación, ese cosquilleo en el estómago de cuando sientes algo por otra persona, de cuando no eres capaz de pensar en otra cosa, tan sólo en cómo estará, y si ella estará pensando en tí. Sentir esa necesidad de decirle cosas, de saber de ella, de enviarle mensajes al móvil, de hacerle saber que es importante para tí, y emocionarse cuando ella te dice lo mismo. Pasar largos ratos en conversaciones nocturnas, en la oscuridad de una habitación, sin importar que el tiempo pase, y dormir poco, o nada. Eso da igual.

O esas largas conversaciones por teléfono, también de noche, en las que ninguno de los dos quiere cortar la llamada, porque ambos están demasiado a gusto como para despedirse, y en las que se cuentan pequeños secretos a modo de confesión, cosas que cuesta más decir en persona. O las veces en que ella te ofrece que te quedes en su casa a dormir, porque en realidad necesita que la abracen para dormir mejor, pero es demasiado orgullosa para decirlo, y prefiere disfrazarlo de preocupación por que es ya muy tarde para que te vayas a tu casa. Sentir que te tiene en cuenta, y no saber cómo expresar el agradecimiento que eso genera, sentirse en deuda con ella por hacerte feliz, y necesitar hacer algo para agradecerselo. ¿Tú lo has vivido? Entonces lo sabrás... No tiene precio.

Hace tiempo que nadie ocupa ese lugar en mi vida, y lo echo de menos.