viernes, mayo 06, 2005

Terrenos por explorar

Aún hay veces en que olvido que estoy vivo
y que debo aprovechar cada momento
porque tal vez no haya una nueva ocasión...

Por primera vez he sentido debilidad, esa condición de todo ser humano que se precie de serlo, y que me hace confirmar que hay algo corriendo por mis venas.

C. es una compañera de trabajo, además de ser vecina de mi calle, por lo que muchas veces volvemos juntos camino a casa. C. tiene pareja y un niño de 2 añitos -de cuyo padre se desconoce el paradero-, y se dice que dejó otro de 6 con su familia, en su país de origen. Además de ésto, está dotada de una capacidad innata para seducir, para juguetear. Su peligro radica no tanto en ser guapa, que lo es, sino en saberse guapa y atractiva a partes iguales. Su lado humano es asequible, de hecho creo que ha descubierto que puede hablar conmigo sin complejos. Pero también tiene un lado más perverso.

Llevo días, semanas incluso, replicando a J. asegurándole que C. no va a conseguir nada de lo que se proponga. Que cuando viene en ese plan la veo venir de lejos. Pero J. siempre preocupada, apelando a mi condición masculina, me recuerda una y mil veces que tenga cuidado, que C. conoce ese juego a la perfección. Y yo siempre le respondo lo mismo.

Pero creo haber encontrado fisuras en esa supuesta seguridad de la que hago suelo hacer gala cuando el tema sale a relucir. Hoy estaba más guapa que de costumbre, incluso se lo dije, por qué no hacerlo? Vino a pedirme ayuda con algo que no conseguía hacer -¿excusa?-, avanzando un par de milimetros más en cada ocasión. De las últimas veces debe estar desesperada por mi pasividad, pero hoy más bien la he reconvertido en complicidad, cediendo el paso ante su presencia.

Y ésta vez algo recorrió mi ser. Una mano demasiado cerca del objetivo, un rostro tan cercano, un cuerpecito escurridizo y juguetón, y sobretodo, un arte para hacer de todo ello un aqui no pasa nada. Consiguió, ésta vez sí, que llegase a plantearmelo. Resultó demasiado deseable.

Pero no hay corazón en ese sentir, ni la razón fue aquí invitada. Tan sólo es mi parte visceral la que dicta, y no podré controlarla eternamente. Intuyo un potencial desbordante al cual no me quiero resistir, no es amor, es sólo pasión. Pasión largamente escondida no se sabe dónde, y que ella -creo- llega a percibir, a pesar de mis extenuantes esfuerzos por permanecer impasible.

Paradójicamente, mi continua negativa a tal posibilidad ha sido lo que más me ha acercado a ella. Ahora la pregunta es: De verdad ella lo haría?