Volver a ser un niño
Desde lo alto de la rueda de las ilusiones de colores, buscando el infinito del horizonte y sus pequeñas luces sobre la oscuridad, lanzando una sonrisa al frío viento que sobre mi cara sentía, esos segundos de felicidad risueña me hicieron sentir que volaba, que podía ver el mundo desde las alturas sin miedo a caer, para disfrute de mis cinco sentidos que ya necesitaban un subidón (nunca mejor dicho) que les haga recordar tiempos pasados.
Una vez en tierra, fue como despertar de un sueño al cruzar la calle, abandonando así el pais de las ilusiones. Por un momento atravesaron mi cuerpo mil y un recuerdos, todos en distintos lugares y ciudades, pero iguales en esencia.
Fue mi cita anual a la cual no podía faltar. ¡Hasta la próxima!

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