Emociones a pares
Pensaba que B. trataba de no permitir más acercamiento que el habitual entre compañeros. Pero fue ella misma la que se ofreció a llevarme a casa, al verme cargando con aquella caja tan grande y pesada que la empresa nos regaló por Navidad.
B.- Vives muy lejos?
U.- Uy! Pues... a la otra punta de la ciudad.
B.- Vaya... es que no me pilla bien, si no te llevaría
U.- No te preocupes, cojo el bus ahí mismo, supongo que aún pasará alguno
B.- Mira, te llevo yo, que me sabe mal, eso debe pesar mucho.
U.- Como quieras...
Desde que V. me llevó en su coche el mismo día que la conocí, no había vuelto a tener la misma sensación. Pero en aquel entonces V. estaba sola, muy sola, y B. no lo está.
Pero cómo saber si eso importa; cómo saber si tan sólo era generosidad o si había algo más, si tal vez ocultaba un deseo camuflado bajo el amparo de los sueños húmedos. Yo no habría podido negarme.
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Ya en casa, preparé una sorpresa para N. por su cumpleaños, la llevaba pensando toda la tarde. No esperaba ser el primero que la felicitara, pero eso hizo que la jugada saliera perfecta (5 estrellas xa mi :D)
Casi me iba ya a dormir cuando los píxeles de mi pantalla se conjuraron para reflejar este mensaje:
Gracias Unelko eres un cielo un besazo ;)
Mi sonrisa aún perdura.

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