Marejada interior
No entiendo por qué me siento así, por qué siento lo que siento, si aún no ha pasado nada especial...
Pero empieza a dolerme, ya comenzó la enésima batalla interior, aquella en que se baten a duelo los dos míticos gladiadores: el que me hace sentir así, y el que dicta lo que me permito a mi mismo sentir.
Lo confirmo: nunca podemos saber cuanto puede gustarnos alguien que a priori no nos atrae mucho... Y no es una gran belleza aunque sabe cómo sacarse partido, pero uuffff... la atracción que siento... tanto me sorprende como me asusta. Y no, no quiero ser cobarde como siempre. Esa cobardía sólo me estanca en mi infelicidad, absurdamente disfrazada de normalidad para evitar sufrir aún más.
Me gustaría no soñar tan pronto, no adelantarme a las cosas que, lleguen o no, pierden parte de su encanto al haberlas soñado antes. Me siento algo rastrero al precipitarme tanto, y es que además me engaño a mi mismo confundiendo la situación. Tal vez no haya nada más tras esa mirada que parece devorarme a cada instante, y que parece estar esperando a ser devorada. En muy poco tiempo parecemos conocernos desde hace mucho, pero ni aún así puedo tener certeza alguna de lo que discurre por su cabecita.
No lo sabe, pero cada vez que me llama por mi nombre me hace felíz por unos fugaces instantes. Y me empeño en no dejar que se note, me empeño en negar mi felicidad, como si fuese algo malo, no sé...
Joooo necesito clases particulares de seducción!! :P
No quiero pasar las noches pensando en ella, pero sé que no lo podré evitar. Y es que todo ésto tenía que ocurrir tarde o temprano, ya llevo demasiado tiempo en calma. Así, sueño con un futuro mientras escucho las canciones que me llevan al pasado.
Hasta el lunes no volveré a verla, quizás me venga bien para aclarar ideas antes de dar un paso en falso. Y sobretodo, para saber lo que siento, pues la mejor manera de saber si queremos a alguien es echándole de menos.

<< Home