miércoles, mayo 11, 2005

Mora

Surcaste el mar, silenciosa,
como el ave que llora su marcha
por dejar todo atrás.

De la mano, un viajante,
cierras los ojos, y te dejas llevar,
allá donde hay otros aires
menos lividos, más puros.

He sentido la caricia
la suavidad de tus trigueños
un amable son de la tierra
y el dulce voseo de lo prohibido.

Sentiste? Tal vez si...

Prolongada tu presencia
ya peligra el alma rota,
maltrecho cómplice viajero
al cual nada tú debes
pero que tanto le das.

Vuela libre, como eres...