martes, octubre 11, 2005

El sabor de las pequeñas cosas

Varios dias sin escribir en los que hay poco a destacar. El fin de semana me apunté a hacer algunas horas extraordinarias, me dejé convencer por VN pero se pagan bien. Además tuve la oportunidad de salir por las tardes, hacía tiempo que no podía, y aproveché la celebración local para seguir en vivo un desfile de Moros y Cristianos por el centro de la ciudad, en comunión con todo el pueblo que se lanzó a la calle para la ocasión.. Mención aparte merece el impresionante castillo de fuegos piromusical que sirvió de bautismo a la nueva creación de ese apasionado arquitecto llamado Calatrava, una vez más para quitarse el sombrero. Sencillamente inolvidable.

Pero hoy me quedo con un único momento. Terminando ya de trabajar, AMA preguntó hacia donde me iba. Por una vez, se atrevió a pedirme que la llevara, y aunque su ex estuvo cerca de convencerla para cambiar el plan (le faltaban aún 60 km para llegar), finalmente la acerqué hasta la casa de él, donde le esperaría hasta su llegada. Como el mejor de los GPS me fue indicando el camino, y preocupada por el regreso, se aseguró de que cogiera el camino correcto para volver a casa.

No tiene mayor importancia, pero para mí tiene un significado especial.