Escucha
A veces me gusta complicarme la vida.
Cada vez que surge una nueva oportunidad de sonreir, gracias a un gesto o a unas palabras que de pura inocencia se derraman, sin más razón de ser que la que puedan albergar bajo su manto, aquella para la que fueron creadas...
Entonces, la sonrisa inicial se convierte en incertidumbre. Mi calenturiento cerebro no puede dar tregua y me invade ese sentimiento, ese no saber si es mejor pensar o no hacerlo. Ese no saber si existe algo más o no. Ese no saber si hay un doble fondo en cada momento compartido, si se trata de un anzuelo lanzado al mar de las oportunidades más preciadas.
A mi nunca me asustó el mar, pero éste aún no lo navegué tanto como para vislumbrar cada pieza antes de que llegue hasta mi. Hoy no sé si es mejor seguir recorriendo el camino lento y seguro, o tal vez debiera probar un atajo por si hubiera suerte. Lástima que en este mar es dificil encontrar anzuelos, porque cada vez hay menos piezas por pescar.
Creo que debo aprender a escuchar, en vez de querer leer entre líneas.
P.D. La semana que viene vuelvo a trabajar por las tardes :D

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